La cultura es protagonista en el caluroso verano que está viviendo Porcuna.
La Casa de la Piedra acogió el pasado 10 de julio la octava edición de
los Premios Literarios «Ciudad de Porcuna».

El escritor local Alfredo González ha ganado el concurso con su relato titulado «Últimas palabras del Conde-Duque de Olivares», mientras que el concurso infantil ha vuelto a llevárselo Carlos Navas con «La sala de las cuatro estatuas». Una gran velada celebrada en un lugar histórico para los porcunenses, ideal para este tipo de actos culturales. Además, los relatos vencedores fueron leídos por sus creadores ante el público que abarrotó el patio de la Casa de la Piedra.

Alfredo González, uno de los protagonistas del acto, con su premio, nos cuenta cómo le surgió la idea de escribir su relato. Escrito en el 2007, González comenta que lo hizo tras haberse leído la biografía que sobre el conde-duque escribió John H. Elliot. «Tras leerme esta excelente biografía del moderno, europeísta y vilipendiado conde-duque, tenía la sensación de que le faltaron decir sus últimas palabras, que murió sintiendo que le había faltado el desahogo de decir sus verdades ante todas las mentiras que sobre él habían dicho, y sin poder soportar aquel destierro al que había sido enviado, más que por el rey Felipe IV, por toda la camarilla de chupones que el rey tenía a su alrededor».

Este escritor porcunense es la segunda vez que presenta un trabajo a los Premios Literarios de Porcuna. La última fue en 1994 donde también resultó ganador con el relato «Estampas de mi abuela».

¿Cómo valora el nivel literario en Porcuna? González responde claro. «A mí me agrada mucho ver cómo aficionados a la literatura de Porcuna se adentran en la escritura para mostrarnos sus sentimientos o pensamientos literarios: sus creaciones; y lo importante es eso, pasar a papel lo que se tiene en la cabeza». Una de las voces autorizadas del panorama literario porcunense señala que igualmente que «los jóvenes y escolares se decidan por dedicar unos momentos de su vida a plasmar en escritos sus inquietudes, y no por el afán de ganar algún premio, sino por aquello tan deportivo del participar y sentir sus valías».

Texto Manuel Molina
Imagen Sergio Toribio