Mezclar naturaleza y deporte sería un combinado perfecto en el que
los niños y niñas porcunenses aprendieran a desarrollar sus capacidades básicas.

Desde hace cinco años este tándem se ha hecho realidad a través de la creación de las Escuelas Municipales de Ciclismo, un deporte que aúna entre los más pequeños esa dosis de aventura por la campiña con la mejora de los aspectos psicomotrices de su cuerpo. Cada semana, unos cuarenta jóvenes de entre 9 y 13 años aprenden cómo desenvolverse con la bicicleta de la mano de su monitor, Félix García. «Además de la técnica, también intento enseñar las reglas de circulación, algo importante para el día de mañana.»

Uno de los principales objetivos de esta oferta en edades tempranas es crear un hábito deportivo seguro y asentado para que luego lo puedan mantener y continuarlo tras su madurez. Ellos no lo saben, pero jugando con su bicicleta aprenden a desenvolverse en un medio abierto, aumentan hasta la máxima expresión sus valores socio-afectivos y mejoran algunas capacidades físicas como la resistencia o el sistema cardiorespiratorio.

La competición está fuera del sentido primordial de las Escuelas Deportivas de Ciclismo. «Esta disciplina deportiva está orientada desde sus inicios al ámbito recreacional y saludable más que a la competitividad», explica su monitor. Cada semana, los menudos ciclistas de Porcuna sortean obstáculos, derrapan, hacen relevos, interiorizan las normas de circulación, aprenden a ir en grupo o realizan rutas campestres, entre otras prácticas.

En principio, los objetivos planteados para los alumnos van más orientados a la disciplina de la MTB, pero la oferta también posee una amplia variedad de contenidos dirigidos a la familiarización con otras disciplinas de la bicicleta como son el ciclismo de carretera, el descenso o Down Hill, el ciclismo en pista o el de orientación.

Aunque todo esto no queda ahí. Cómo no podía ser menos, el club ciclista amateur Ogesportbike está presente en el ciclismo de base de la localidad. De esta manera, algunos de sus integrantes colaboran fielmente en las rutas con los niños y niñas, en la organización de convivencias o en el transporte a lugares como la «Vía verde de la Subbética» o la «Vía verde del Aceite». En este sentido, el club también se encarga de gestionar las equipaciones ciclistas de los niños.

Interiorizar unos hábitos saludables desde edades tempranas servirá para que el día de mañana los niños y niñas no sufran ningún «pinchazo» que desinfle sus vidas. Así, una buena práctica deportiva seguro que será un fiel reflejo de la vida de esa persona.

Texto Manuel Molina
Imágenes Pedro Gutiérrez

Ciclismo, un deporte redondo